viernes, 13 de julio de 2012

De qué se ríen sus señorías


Desde hace unos días circula por la red una foto de la ministra de trabajo y política social italiana, Elsa Fornero, llorando cuando su gobierno tecnócrata e impuesto por Europa atentaba, allá por diciembre del año pasado, contra la ciudadanía italiana en forma de hachazos a sus derechos adquiridos. La imagen suele mostrarse en paralelo del correspondiente momentazo en el parlamento español, con la hija de un prócer presuntamente chorizo y confeso dilapidador de los dineros ajenos en aeropuertos imposibles y esculturas faraónicas (que se la cobren y se la lleve a su casa) Andrea Fabra, diciendo a diestro y siniestro ¡que se jodan! (ahora dice que no se refería a los parados o a los funcionarios o a cualquiera otro afectado por el atentado gobernativo, que somos todos en lo que toca al IVA o a otras putadas generales, sino a los sociatas –gente de similar calaña, por cierto- que no estaban de acuerdo con las medidas desmedidas, lo que viene a ser lo mismo porque jodidos ellos por perder la votación, jodidos todos).





No seré yo quien pida una lágrima a la Fabra para el personal que no es de su clase (tampoco se me ocurrirá llorar su desgracia cuando suceda) ni quien reclame remordimiento alguno a los ministros o ministras verdugos del estado del bienestar (ni a los de zetapé ni a los de Mariano), no sea que las lágrimas de Fornero sean tan impostadas como, presumo, serían los remordimientos de estos desgobernantes nuestros (elegidos por sufragio universal, no como los italianos, y gobernados por no sé quién, igual que los italianos). Lo que sí me atrevo a pedir es una miaja de vergüenza cuando de lo que estamos hablando (Adrea, el parlamento y yo) es de jodernos la vida y parte de la muerte).

Pero ni la tal Fabra ni su riñón, cubierto hasta la llegada del apocalipsis por el patrimonio de papuchi y por el propio (derivado o directo, que todo viene de lo mismo), fueron los únicos que llamaron la atención en ese pleno vomitivo en el que sus señorías (las de si mismos, desde luego) aprobaron que prefieren joder (por seguir con el fino lenguaje de la dama popular) al pueblo que los eligió y al que se deben que al sistema supranacional que los mantiene. Allí había personal aplaudiendo, comentando jocosamente la jugada, riendo a mandíbula batiente… revolcándose en el lodazal que ellos mismos habían creado.



Uno de ellos, no el único, desde luego, era nuestro diputado (perdón) su (de sí mismo) diputado titular de Zaragoza, don Eloy Suárez, a quien pilló la cámara descojonado (por seguir con el tono impuesto por la dama popular) de la risa con eso de los recortes. Si uno se pregunta de qué se reirá don Eloy, (un tío tan circunspecto que, cuando se sentaba en un banco portátil y callejero con los ciudadanos zaragozanos para decirles: tronco, vótame para alcalde  –justo los dos minutos necesarios para hacerse la foto de la prensa–, sólo era capaz de esbozar esa media sonrisa que nunca se sabe si es de compromiso o de tahúr), si uno se lo pregunta, digo, puede que encuentre respuestas, las mismas que yo: es concejal del Ayuntamiento de Zaragoza (al que no afectarán los recortes concejiles por ser el capo de la oposición municipal); es diputado en esas cortes que más parecen de mangas que legislativas; como buen y honrado prócer, seguro que cobra sólo uno de los dos sueldos (seguro, también, que el más alto), pero se agencia mensualmente los correspondientes estipendios por asistir a plenos y comisiones de los dos entes, las dietas correspondientes por ir de Zaragoza a Madrid o viceversa según convenga y alguna que otra cosa que caerá. Por eso se ríe Eloy, porque a él, como a la mayoría de los que se ríen o de los que aplauden en la foto (y de los que se rieron y aplaudieron con otros gobiernos, otros recortes y en otras) que jodan al pueblo se la trae floja; al fin y al cabo, la oligarquía nunca ha sido el pueblo y, como dice la ínclita Fabra, el pueblo está ahí para que lo jodan. A no ser que el apocalipsis se adelante y la fortuna de toda esta banda se acabe de golpe.

P.D.: Y por favor, que el Sr. Cayo deje los comentarios de texto para las pruebas de selectividad, que me da la risa.

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