viernes, 5 de enero de 2018

Melchora, Gaspara y Baltasara

En1979, Gloria Fuertes publicaba esta deliciosa obra (Las tres Reinas Magas). Por aquellos años, que se me antojan mucho más tolerantes que la actualidad, no recuerdo ninguna polémica recalcitrante por la aparición en escena de Melchora, Gaspara y Baltasara. Recuerdo que fue uno de los primeros libros que compramos para la biblioteca de mi pueblo y todavía se sigue representando no solo en colegios sino en teatros profesionales.



Qué penica de tiempos en los que, al amparo de la supuesta tradición, que no es otra cosa que evolución del mito (recordar que los magos, que no reyes, sólo aparecen en el evangelio de Mateo y en ningún otro de los cuatro evangelios canónicos y que la imagen que hemos construido ahora se ha ido perfilando a lo largo de la historia: sus edades -vejez, madurez, juventud-, sus procedencias -Asia, Europa y África- su ocupación realeza, magia, adivinación... para adaptar el simbolismo a las circunstancias religiosas, sociales o étnicas -es común ver representaciones americanas con un indígena sustituyendo a uno de los magos-) se monte una pirula de dimensiones inabarcables porque una mujer haga el papel de uno de los personajes, porque unas drag Queen saquen una carroza (también la sacan el corte inglés, Bob Esponja o Pocoyó y no pasa nada pese a no tener mucho de tradicionales) o porque estos magos o adivinos reconvertidos en majestades lleven ropa de no sé qué color o diseño (Eso sí, por disfrazar a un blanco de negro no pasa nada -yo mismo lo he sido-). Y es que sacarlo todo de quicio se ha convertido en deporte nacional.

domingo, 31 de diciembre de 2017

2018 en versos

Los almanaques formaron parte de mi infancia; la poesía forma parte de mi vida, la descubrí en la adolescencia y la redescubrí en la madurez, como el amor; los santos me acompañaron durante un tiempo, hasta que entendí que la santidad no está en las estampitas sino en las barricadas. Una mezcla de todo eso es este almanaque con el que pretendo felicitar el 2018, a sabiendas de que será otro año como los que nos persiguen desde que alguien, en algún sitio, decidió que ya valía de libertades, democracias y demás zarandajas populistas, que la vida con sangre entra y que los ricos también lloran, pero porque pueden, no porque les salga de la necesidad.

Pese a todo, feliz 2018.


sábado, 30 de diciembre de 2017

Lo mejor para 2016

Habrá quien disculpará al Pte por despistado, torpe o estúpido, sus sobradas razones tendrán, pero mi idea es que no, que esta vez no ha mediado despiste ni siquiera torpeza o estupidez ni tampoco le ha traicionado el subconsciente; no, ha sido aposta. A 30 de diciembre de 2017 desear lo mejor para 2016 es patentizar más que el inmovilismo del percebe al que se refería Rosa María Artal en su "salmones contra percebes", la marcha atrás del cangrejo en esta democracia fingida que involuciona con paso firme hacia el absurdo absoluto.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Debilidad adquisitiva

La subida del IPC (1,2%), de las pensiones (0,25%), del salario de funcionarios (1%) y del resto de los trabajadores y las trabajadoras, que no irá más allá de media me obligan a proponer Debilidad adquisitiva como cocepto sustituto del ¿oxímoron en ese caso? poder adquisitivo.


Y es que la economía y la econosuya también son conceptos antagónicos.

martes, 26 de diciembre de 2017

Ni las buenas noticias lo son

Es una pena que ni las buenas noticias sean buenas noticias. Hoy nos hemos desayunado con la firma del acuerdo para subir el salario mínimo hasta que alcance la friolera de 850 € en el año 2020. Lo que quiere decir que este año próximo subirá un 4%, hasta 735,9 € (858,55 € en 12 pagas) e irá subiendo hasta 2020, eso sí, siempre que lo permita la economía. Considerando que el rey tiene 21.422€ diarios para mantener su casa y su boato o que su salario asciende a 647 € al día, es comprensible mi sarcasmo.


Ahí que se han retratado los artífices de tan magnánima subida: sindicalistas, patronos (que han mostrado durante todo el proceso negociador el colmillo arguyendo su apuesta por la economía al estilo oriental a base de producir mucho y bien a bajo coste salarial), la ministra de trabajo que nunca ha trabajado y el presidente de este desgobierno.

Algunos de los argumentos patronales para no subir más el salario mínimo han sido los de siempre:
  • Que se potenciará la economía sumergida (dando por hecho que muchos de sus camaradas son unos explotadores a los que se la trae floja lo de los derechos laborales en particular y humanos en general).
  • Que habrá más despidos (porque, claro, aquí se trata de obtener muchos beneficios al coste que sea).
  • Que la economía será menos competitiva (todavía lo sería más a base de trabajo esclavo).
  • ...
Este país del que tan orgullosos estamos, está muy por debajo de esos países a los que queremos parecernos en cuanto a salario mínimo se refiere, y si no lo creen, comparen:



Dicen  en los medios televisivos afines al régimen que es cosa del nivel de vida, y que cobramos menos porque los precios también son menores, pero esta afirmación no resiste algunas comparaciones, por ejemplo:

Precio del KW/hora en Europa:


Precio del gas en Europa:

Evolución del precio de la vivienda en Europa hasta 2017

En fin, que en el Telediario pueden decir lo que les mande el gobierno nacional, pero los datos son los datos, matemática incuestionable de la pobreza.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

En el día de la constitución inmaculada


La constitución española, así de "en minúsculas" la hemos dejado, cumple hoy 39 años en un momento difícil de su vida, cuando hemos pasado de incumplirla en su literalidad a tirárnosla los unos a los otros a la cabeza, como si Goya hubiese sustituido los palos de su duelo a garrotazos por esos tomos enormes sobre los que juran o prometen, por imperativo legal o no, su texto los cargos públicos electos.

Dicen en el telediario y otros medios más o menos parciales que es la norma que nos hemos dado todos los españoles y añaden que fue votada mayoritariamente; incluso, a veces eliden el pretérito para mayor abundamiento. Pues no, esa frase tantas veces repetida, es una falacia. Tengo 57 años y yo no voté la constitución en el 1978 porque no tenía edad para votar; porque la constitución se votó en virtud de una ley franquista que establecía la mayoría de edad a los 21 años.

Las matemáticas del referéndum (sí, referéndum, que alguno ha habido en la democracia española) son claras: ninguno de los actuales españoles menores de 60 años votamos la constitución. O lo que es lo mismo: el 77,3% de los españoles actuales no tuvimos la oportunidad de hacerla nuestra. Así pues, pese a su relativa juventud de 39 años, se trata de un texto legal, como poco, prejubilado si no ya jubilado completamente. Y como a todos los jubilados, se le reconocen y agradecen los servicios prestados, que son muchos, pero su puesto se reemplaza.

El caprichoso calendario de la historia ha querido juntar en un mismo puente festivo la conmemoración del aniversario de la constitución española y la festividad religiosa de la Inmaculada, en uno de estos alardes laico-religiosos que tenemos en este país; así ha conformado el puente de la inmaculada constitución o de la constitución inmaculada, que lo mismo da; un puente que se viene haciendo demasiado largo en su purísimo concepto.

Quienes piensen que la rimbombantemente  bautizada como "norma general del estado" está muy bien así, paralizada en su limbo, pueden leerla y comprobar, supongo, horrorizados, que no contempla el derecho a la sanidad universal, por ejemplo. Los ciudadanos que la conocemos, contemplamos no con menos enfado, que se incumple sistemáticamente en materia de trabajo y remuneración suficiente, igualdad, vivienda digna, justicia social o que se interpreta interesadamente en otras materias como la educación, para favorecer a los centros privados, por ejemplo.

La jefatura del estado, la sanidad, la federalización del territorio, la supresión de desigualdades fiscales, la laicidad, la consulta ciudadana, la supeditación al principio de estabilidad presupuestaria en vez de al de estabilidad social, el desarrollo del derecho al trabajo o a la vivienda, la supresión del aforamiento, el principio de una persona un voto, la supresión de la pena de muerte sea cual fuere el tiempo (de paz o de guerra), la equidad y la igualdad, el cuidado del medio ambiente, la atención a la dependencia, la prohibición de las anmistías fiscales... Le queda mucha faena a esta constitución, demasiada para su mentalidad de prejubilada y su pertenencia a las clases pasivas de prejubilados o jubilados (dicho sea con todo el cariño, que ya me queda poco) para que me salga escribir con mayúsculas aquello de Constitución Española.